martes, 30 de junio de 2009

¿Escribir o teclear?


Estas primeras líneas las anoto con un bolígrafo y sobre una hoja de papel. La fluidez de la escritura manual en nada se compara al insidioso picoteo contra el teclado. La bella danza de la mano además de ir redescubriendo su contorno va delatando en cada letra una personalidad, contrario a lo que sucede con las fuentes estandarizadas en la memoria del computador. Por supuesto se diría que el usuario puede escoger la caligrafía de su predilección, conforme a gustos e incluso al contenido del texto; pero no es lo mismo. Detrás del milagro tecnológico que activa el carácter sobre la pantalla, o sobre miles de pantallas al mismo tiempo, está la contribución de diseñadores gráficos de todas las épocas; sin embargo el simulacro no queda por ello eximido. Igual cabe disgregar acerca del soporte tan efímero como una superficie de arena, por no decir, de agua. A medida que la máquina se fue aproximando al usuario, se fue haciendo más amigable –al decir de los defensores de la tecnología-; la aparente preocupación por la deshumanización que propicia el depender de ella se fue obviando. Una mentira más. La aparente ventaja que provee la máquina obliga al usuario a ajustarse a las propias características del instrumental el cual termina por imponer sus rutinas. Cuando la máquina pasó a ser una interfaz de comunicación -facilitador de enlaces a larga distancia nunca imaginados sin necesidad de moverse ni un milímetro- ese dominio se hizo más que evidente. Humanizar a la maquina se ha convertido en un negocio rentable pero a la larga sólo perfecciona la trampa. Decimos que podemos conversar a través de ella cuando lo único que ocurre son diálogos dignos de Ionesco. A veces en un chat no sé si es la máquina la que me está hablando o es realmente una persona. La incorporación del multimedia no me inhibe el extrañamiento. A veces escribo a tal velocidad que no me permito ni leer bien lo redactado que por lo regular no pasa la prueba gramatical ni ortográfica. Con mucha frecuencia para no usar tantas palabras todo lo resumo en los llamados emoticones, pequeña revolución de la lúdica, la creatividad y la emoción, inventada en sus comienzos por los usuarios, a un paso entre la simbolización y la representación breve, un desafío semiótico. Es interesante darse cuenta como los emoticones en muchas ocasiones terminan hilvanándose como jeroglíficos y pienso entonces que viajamos en el tiempo a la época de los escribas egipcios. ¿Qué hubieran hecho ellos con una latop?

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